miércoles, 27 de abril de 2016

Abordar:


Historia Vs memoria en el niño adoptado y acogido.

Juan Alonso Casalilla Galán, 2015

Fuente: Deseo y razón

Desde la perspectiva de padres y cuidadores el encuentro con la historia de vida de niños/as en acogimiento familiar o en adopción inquieta con frecuencia. En el entramado de la vida cotidiana son infinidad las escenas, donde las preguntas, las inquietudes y los miedos en relación a la historia y origen “entran en juego”.

La inmensa mayoría de las dificultades y angustias (que se suscitan en todos los actores implicados) relacionadas con las historia y circunstancias de vida de los niños/as, pueden implicar momentos de angustia donde la familia queda sin respuesta. El nacimiento de un hermanito, la inquietud ante un encuentro, el miedo ante el supuesto daño que pudiera causar una información, una solicitud de visitas de un familiar con el que ya no se contaba,  una comunicación “imprevista” en el transcurso de una visita y/o entrevista, las afirmaciones de un compañero de clase o de un amigo “bienintencionado” de la familia,  pueden poner  en cuestión una estabilidad “confortable”, alcanzada tras meses o años y nos obliga a poner en juego una reformulación de la historia… en resumen a sostener inquietudes que despertarán más preguntas… y a salir de una estabilidad confortable que a veces es confundida con un indicador de salud y estabilidad psíquica.

Esto que aparece y resulta enigmático, que provoca angustia y preguntas, debemos contemplarlo necesariamente como una oportunidad para la re-elaboración de la historia de niño. Una oportunidad para hacer relación y erigirnos en figuras de referencia confiables y seguras.

Es en el momento (actual),  donde emerge la pregunta o la interrogación,  cuando la memoria del chico pide una nueva construcción, construcción para la que demanda  compañía fiable. Porque los recuerdos no son copias exactas de informaciones o experiencias, sino que la memoria los reelabora en el momento de la recuperación,  momento que nos conmueve. Esta característica contrastada por el trabajo clínico y las evidencias científicas ponen en primer plano la responsabilidad que tenemos como padres y cuidadores en el desarrollo de la personalidad…el reto no está en un pasado inamovible si no en un presente que pide nuevas significaciones.

Es aquí donde la distinción entre historia y memoria puede sernos útil para pensar la historia y origen de los niños. La historia como realidad “material” de hechos acontecidos, que todos podemos compartir y la memoria individual como registro singular que ha hecho cada persona de lo acontecido, como “versiones” que cada participante de la relación registra y reelabora continuamente.

Desde el punto de vista de la historia el pasado del niño que ha sufrido una situación de desprotección y/ o maltrato es claro,  las intervenciones están motivadas con relativa claridad y esa ruptura con las personas que les dieron la vida tiene unas causas, unas motivaciones y unos fines establecidos.

Desde el punto de vista subjetivo del menor (memoria) nos encontramos normalmente con “infinidad de páginas en blanco por llenar” y una gran cantidad de hechos y circunstancias inconexas sin un significado ni un sentido claros… ¿Por qué fui apartado de mi familia biológica? ¿A qué se debe la ausencia de mi madre? Circunstancias que si no son adecuadamente tratadas generan fantasías de secuestro, inadecuación,  disociación, traumas...etc. 

Es en este último plano desde donde trabajamos padres, cuidadores y profesionales y la historia de vida “vivida”, la memoria debemos concebirla aquí como construcción actual frente a los enigmas del presente y como re-significación permanente de hechos y acontecimientos del pasado